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Tolkien, J. R.: El hobbit.

Si una persona decidiera entrar en el mundo imaginario de Tolkien, sin duda ésta sería la puerta de entrada. El hobbit es un personaje de fantasía, aficionado a la buena y sosegada vida. La inesperada visita de un hechicero le cambia la vida; el hobbit se ve envuelto en una peligrosa aventura con el fin de recuperar un objeto muy valioso que custodia un dragón. Si el lector sin ser especialmente partidario de la literatura fantástica decide seguir la lectura de la reseña podrá apreciar la calidad del estilo y la cantidad de aventuras por la que tendrá que pasar este pacífico personaje. La amistad y lealtad entre Frodo, el hobbit, con su amigo Sam es ejemplar. Algunos desearían parecerse a Gandalf, por el poder que tiene y sabe emplearlo para una buena causa, pero Sam es más cercano; no es difícil sentirlo como uno de los nuestros. Si el lector ya hubiera leído El Señor de los anillos, aquí encontraría una explicación de cómo comenzó todo. Como pasan de vivir cómodamente a embarcarse e...

McVeigh, Laura: La casa del almendro.

La autora relata una historia para la que se ha documentado bien. Sitúa la acción en Afganistán. Comienza cuando las tropas rusas están abandonando el país y comienzan los movimientos para hacerse con el vacío de poder. Los talibanes parecen los que más factibilidades van a encontrar. En el relato no siempre es fácil saber qué es real o imaginado por alguno de los protagonistas. Una familia afgana procedente de Kabul ha decidido hacer del Expreso Transiberiano su hogar, hasta encontrar donde instalarse. Los padres, afines al comunismo en otra época y sus seis hijos huyen desde los talibanes mandan en Afganistán. Samar, una chica de quince años, ocupa el cuarto lugar entre los hijos. Buena lectora, aprovecha el viaje para leer Anna Karenina de Tolstoi. Napoleón, nombre con el que es conocido el revisor del tren, la anima a escribir y contar su vida y la de su familia, desde que abandonaron su hogar con destino a las montañas, al pueblo en el que viven los abuelos paternos. Allí pasan añ...

Yepes, R. y Aranguren, J.: Fundamentos de Antropología.

El subtítulo es muy gráfico: “un ideal de excelencia humana”. A lo largo de diecisiete lecciones, sobre un texto base de Ricardo Yepes, ya fallecido, Aranguren hace algunas matizaciones sobre el original que perfilan mejor la idea que el autor, de hecho, tenía sobre esas cuestiones. Podríamos decir que es un libro exhaustivo en cuanto aborda todas las cuestiones centrales en torno a la persona humana. De un modo sistemático, con gran rigor intelectual, los autores abordan las cuestiones que han preocupado a los hombres a lo largo de los siglos. Cada frase está pulida, trabajada con tal exquisitez que dice exactamente lo que quiere decir, lo que permite que, a pesar de lo arduo del tema, el libro si bien es denso, es inteligible para un lector de formación universitaria en cualquier rama del saber. No es un libro para leer de un tirón. Requiere una lectura lenta, meditada y asimilada en aquellas cuestiones que queramos mejorar como consecuencia de la lectura del libro. Es esencial para...

Torralba, J. M.: Una educación liberal.

Añade el autor un epígrafe al título: elogio de los grandes libros. Torralba ha conocido varias universidades de Estados Unidos, siendo profesor en algunas. Allí ha visto cómo, en diversas modalidades, se vive el core currículum, que consiste en cursar estudios de humanidades. Siguen un proyecto de lectura, trabajo personal y grupal de libros significativos de la tradición cultural de Occidente. No hay un canon, si bien todos tienen un nivel excelente. Además de mostrar el fundamento que tiene el que los alumnos, al margen del tipo de estudios que cursen, puedan dedicar alrededor de un 10% de su tiempo a este contenido, permite que se formen en aspectos que van más allá de la simple lectura y comentarios informales en el grupo de trabajo. Tener un método de trabajo asegura poder llegar a niveles que de otra forma no estarían garantizados. La vida universitaria prepara para el ejercicio de una tarea profesional, pero si no quiere perder la esencia de la universidad, no se puede limitar ...