Zuylen, Marina van: Elogio de las virtudes minúsculas.
Zuylen, Marina van: Elogio de las virtudes minúsculas. Ed. Siruela, 2025 ENSAYO
El libro se mueve en una delgada línea que separa la mediocridad por no valorar el trabajo bien hecho y la virtud de trabajar bien para servir más y mejor. Aprender a amar para hacer felices a los demás, etc. Por el otro lado está la insatisfacción permanente de quien no logra el éxito en los estudios, en el deporte, etc. La diferencia está en distinguir el ser del tener. Una cultura que ignora el ser, el valor que toda persona humana por serlo, poniendo el acento en lo que tiene, sea material o no, lleva a un estilo de vida u otro. En una sociedad que vive de la imagen es preciso aprender a moverse con libertad interior. Se aprecia en que no se cambia lo que se dice en función de los likes que se reciben, en no sentirse obligado a tener éxito en todo lo que se emprende. Casi toda nuestra vida discurre en una discreta penumbra: acciones y pensamientos. Sin embargo dentro de la escala de valores que tenga cada uno, hay aspectos esenciales y otros que no lo son. Quien piensa que sólo el éxito es la única meta valiosa, vivirá en parmente zozobra que no le dejará ser feliz. Sin embargo en la vida es preciso volver intentar metas no alcanzadas. La autora elabora un ensayo en el que el deseo de perfección no cae en el perfeccionismo. Valora lo que puede considerarse pequeñas virtudes. Esas pequeñas virtudes no son una llamada a la mediocridad, sino a salirse de rutas marcadas en valores efímeros por la sociedad, los medios de comunicación, el entorno, etc. En la actualidad atreverse a usar el término virtud ya implica valor; actualmente se sustituye por valores, sin percibir la diferencia notable entre ambos. Virtudes minúsculas son las vividas en el día a día, como la paciencia, que abarca aspectos esenciales. El libro, con abundantes citas, presenta una dificultad para una lectura ligera. Exige atender al contenido y valorar si se ajusta a lo que buscamos en nuestra vida. Entender mal su contenido llevaría a una vida mediocre, con falta de aspiraciones. Desear lo mejor, sin ansiedad ni egocentrismo, es buen camino para valorar en qué grado nos aporta o no su contenido.
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