Prieto, L y García Cuadrado, L.: Un genio atemporal.

 Prieto, L y García Cuadrado, L.: Un genio atemporal. Ed. Palabra, 2026       ENSAYO


 Los autores escriben un libro breve y asequible, con un cierto esfuerzo, para un público variado. El subtítulo señala: Santo Tomás de Aquino, una inspiración para remar contracorriente en la era del relativismo. Santo Tomás vivió en el siglo XIII (1225-1274). Nació en el seno de una familia noble y con cinco años fue enviado a la abadía de Montecassino, donde vivió 9 años.  De allí va a Nápoles para completar su formación; al conocer a los dominicos pide ingresar con 19 años. Su familia lo consideró una opción indigna por ser una Orden reciente y mendicante. Sus hermanos lo llevan a un castillo de la familia donde estuvo varios meses; ellos intentaron por diversos medios que desista de esa decisión, pero él logró escapar y llegar a París. Allí conoce a Alberto Magno quien percibe su valía y será su mentor. Tras cursar los estudios previstos, con dispensa por edad será docente, tarea que de diversos modos mantuvo el resto de su vida. Los autores no desean ofrecer un resumen de su vida sino mostrar las líneas maestras de su pensamiento y de sus escritos. Era un buscador de la verdad que sabe que reside en Dios; es consciente que en Él es posible la felicidad plena y orienta su vida de piedad y el estudio en esa dirección. Las Sentencias de Pedro Lombardo, la mejor recopilación de textos de los Santos Padres en su época y el estudio de Aristóteles en la medida que éste aporta una fuente de saber, que sabiendo hacer uso, es valiosa. Recibe en su Orden elaborar un plan de estudios y al hacerlo, pone las bases de su obra magna: La Suma de teología, que no pudo terminar. En diciembre de 1273 se resistió a escribir, tras una experiencia mística que le dejó profunda huella. De camino hacia Lyon, a un concilio convocado por el Papa, murió todavía en tierra italiana. Componer el Oficio para la fiesta de Corpus Cristi, redactar el Adoro te devote, la obediencia al Magisterio de la Iglesia, una gran humildad son algunos rasgos que propician su canonización y que san Pío V dos siglos más tarde lo declare Doctor de la Iglesia. El texto tiene anécdotas significativas.

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